El centro de Desarrollo Local de Puerto Lumbreras está trabajando en un sistema de generación de frío a partir de energía solar. La importancia de esta versión de un método que en realidad se aplica desde hace unos años para enfriar grandes instalaciones, es que elimina la necesidad de torres de refrigeración, lo que permite su aplicación a superficies menores, incluidas viviendas. Se trata de obtener frío cuando más se demanda, durante los calores del verano, un momento que coincide con el máximo esplendor de la fuente utilizada: la energía solar. El equipo es caro, pero cuenta con la ayuda de una fuente de energía inagotable.
Mediante un proceso en el que interviene calor y química se consigue que agua calentada a 85 grados centígrados descienda a 8 ó 10. El calor restante se elimina a través de unos ventiladores, como en los equipos de refrigeración convencionales.
En el proyecto de Puerto Lumbreras cooperan el ayuntamiento de la localidad, la Agencia de Gestión de la Energía de la Región de Murcia (Argem) y las empresas Isofotón y Rotártica. El equipo probado dispone de una potencia frigorífica de 4,5 kilovatios que aporta cerca de la mitad de los requerimientos energéticos de climatización de tres estancias (dos de 45 metros cuadrados y otra de 70), por lo que sus resultados -de los que, debido a un acuerdo de confidencialidad, sólo se conoce la impresión “favorable” del director de Argem, Francisco Ayala- podrían extrapolarse a las necesidades de una vivienda.
El objetivo fundamental del proyecto es conocer la eficiencia que pueden alcanzar estos sistemas, las condiciones de instalación óptimas que se necesitan y la energía con la que se pueden abastecer desde los sistemas de captación solar.
En la misma dirección asegura estar trabajando la empresa murciana Compañía Regional de la Energía Solar (Cres).
Un experto sitúa “en torno a un 30 por ciento como máximo” el ahorro de energía eléctrica que se podría llegar a obtener con estos sistemas. En cambio, José Pablo Delgado, técnico de Argem, calcula esa reducción en el consumo eléctrico en un máximo del “40 por ciento de la demanda en instalaciones de tamaño medio”. En todo caso, añade, “los sistemas convencionales seguirían coexistiendo”.
La Región, apuntan los técnicos, ofrece un mayor ahorro en este tipo de inversión, puesto que demanda más frío justo en las estaciones y a las horas en las que más calor hace.
El sistema “aún se encuentra muy lejos de la rentabilidad económica, pero sí que podríamos hablar de un beneficio medioambiental o, incluso, a nivel de imagen comercial a la hora de vender una utilización sostenible de los recursos por parte de la propietaria de la instalación”, señala Delgado.
En la misma línea se manifiesta José Ramón García, del departamento de Ingeniería Térmica y de Fluidos de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), que asegura que “aunque estos sistemas son menos ruidosos y producen menos vibraciones, de momento no se ha alcanzado una tecnología lo suficientemente competitiva, aunque se está trabajando muy intensamente en ello, tanto en España como en otros países”.
“El desarrollo de estos sistemas de absorción como alternativa a los convencionales de generación de frío por compresión es interesante. En principio, termodinámicamente hablando, los de absorción son menos eficientes que los de compresión, pero la incorporación de fuentes de energía de origen renovable como fuentes de calor para la generación de frío los hace más eficientes, ya que es una energía seudogratuita”, señala García.
El profesor de la UPCT no cree que estos sistemas puedan sustituir a los convencionales porque “existe un gran número de empresas que han rentabilizado enormemente los tradicionales sistemas por compresión”. Para Enrique Ballester, director de Cres, es “cuestión de años que se abra el mercado necesario para poner el nuevo método en marcha”.
Ayala, de Argem, explica que está previsto que la instalación de sistemas de este tipo cuenten con una subvención pública del 40 por ciento de la inversión. Ese porcentaje habría de restarse al presupuesto inicial medio de 45.000 euros, la cifra que Cres calcula que podría costar una instalación de este tipo para refrigerar una superficie media de unos 120 metros cuadrados.
El llamado frío solar no sólo se emplearía para refrescar el verano, sino que aprovecharía la captación de calor para procurar calefacción y agua caliente en invierno.
Fuente: laeconomia.com